La región cuenta con la segunda mayor población de alpacas del país y un alto potencial para avanzar hacia una industria textil propia que capture mayor valor y genere más ingresos para las familias rurales.

En Cusco, uno de cada dos empleos proviene del campo, reflejando el peso que tienen la agricultura y la ganadería en la economía regional. Dentro de este escenario, la crianza de camélidos sudamericanos, especialmente de alpacas, se consolida como una de las principales actividades productivas de las zonas altoandinas.
La región alberga la segunda mayor población de alpacas del país, solo por detrás de Puno, lo que convierte a esta actividad en un pilar económico para miles de familias rurales.
Según Erick Chuquitapa, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), las actividades productivas vinculadas a los camélidos generan alrededor de S/ 42 millones anuales a nivel nacional, siendo la fibra de alpaca el producto de mayor valor en los mercados nacional e internacional.
“En Cusco hay más de 676 mil alpacas y 137 mil llamas, y esta actividad genera trabajo e ingresos para cerca de 15 mil familias, que participan en labores de esquila, lavado y selección de fibra, procesos que requieren dedicación constante y conocimientos transmitidos entre generaciones”, explicó el especialista.
Producción con alto valor, pero poco transformada
Cusco produce anualmente más de 1,800 toneladas de carne y 293 toneladas de fibra de alpaca. Sin embargo, una parte importante de esta fibra sale de la región como materia prima y se transforma en polos industriales como Arequipa y Lima, donde se convierte en hilos, telas y prendas con mayor valor agregado.
Si bien este proceso dinamiza la economía a través del transporte, procesamiento y comercialización, también evidencia un desafío estructural: Cusco aún captura solo una parte limitada del valor generado por su propia producción.
Camino hacia una industria textil local
De acuerdo con el CITE Textil Camélidos Cusco, la región tiene una base sólida para avanzar hacia una industria textil más desarrollada, gracias a la alta calidad de su fibra. No obstante, aún faltan servicios clave para completar la cadena productiva, como plantas de lavado, clasificación por micras e hilado básico.
Incorporar estos procesos permitiría mejorar los precios que reciben los productores, elevar la calidad del producto final y abrir mejores oportunidades comerciales, tanto a nivel nacional como internacional.
Organización y rol del Estado
Otro factor clave es la organización de los productores. Asociarse les permite negociar mejores condiciones, asegurar volúmenes constantes y acceder a tecnología que, de manera individual, resulta difícil de financiar.
“Cuando los alpaqueros se articulan, logran estándares más homogéneos y pueden integrarse a cadenas de comercialización más estables”, señaló Chuquitapa.
El especialista también destacó la importancia del rol del Estado, especialmente en la instalación de infraestructura productiva y servicios tecnológicos que permitan a los pequeños productores acceder a procesos de mayor valor agregado.
Un potencial probado
Existen referentes claros. Arequipa, con una industria textil instalada, exporta cerca de US$ 100 millones en fibra de alpaca, demostrando que el desarrollo de esta cadena es posible.
“Con inversión y un trabajo sostenido de articulación, Cusco podría transformar su potencial productivo en más empleo, mayores ingresos y desarrollo local, beneficiando directamente a las familias rurales”, concluyó el economista.
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