
En las últimas semanas, productores agrícolas de la provincia de La Convención vienen enfrentando un serio impacto económico debido a la propagación de la plaga de la mosca de la fruta, una situación que amenaza directamente los ingresos de miles de familias dedicadas a la agricultura.
De acuerdo con un análisis de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), dos de cada diez soles que genera la agricultura de La Convención provienen de la producción de frutas como la naranja, granadilla, plátano y papaya. La pérdida o restricción en la comercialización de estos cultivos reduce de manera inmediata los ingresos familiares, afectando el bienestar económico de los hogares rurales.
La mosca de la fruta ocasiona graves daños al depositar sus huevos dentro del fruto. Las larvas se alimentan de la pulpa, provocando su descomposición y dejándola no apta para la venta, incluso cuando externamente parece estar en buen estado. En el caso de cultivos estacionales, como la naranja, el impacto es aún mayor, ya que las pérdidas se concentran en periodos específicos y no pueden ser compensadas con nuevas cosechas.
Falta de asistencia técnica agrava la crisis
Especialistas advierten que se trata de un problema sanitario que requiere una intervención temprana y sostenida del Estado. “Hoy producir cuesta más, los precios pueden caer y la plaga termina destruyendo el esfuerzo de todo un año. Esta combinación debilita el tejido económico y social de la provincia”, señaló Erick Chuquitapa, economista de REDES.
La situación se agrava por la limitada asistencia técnica al sector agrícola. Según REDES, el 94 % de los productores no accede a capacitación técnica y el 97 % no recibe asistencia especializada, lo que reduce su capacidad para prevenir plagas, identificar riesgos a tiempo y actuar de manera oportuna. Como consecuencia, las acciones de control suelen activarse cuando las pérdidas ya son irreversibles.
Agricultura familiar y alta vulnerabilidad
La agricultura en Cusco es mayoritariamente familiar: el 95 % de las unidades productivas corresponde a este tipo de actividad. Además, para el 73 % de los productores, la agricultura es de subsistencia, es decir, solo les permite cubrir necesidades básicas. En este contexto, el ingreso promedio mensual de un trabajador agrícola en Cusco fue de S/ 1,273 en 2024, monto apenas superior al salario mínimo y altamente vulnerable a crisis sanitarias como la actual.
A ello se suma que 8 de cada 10 trabajadores agropecuarios en Cusco son informales y solo 1 de cada 4 productores cuenta con título de propiedad de sus tierras, lo que limita el acceso a crédito, servicios básicos y programas de apoyo estatal.
Frente a este panorama, REDES sostuvo que es urgente una respuesta integral del Estado, que vaya más allá de medidas puntuales y se enfoque en una estrategia sostenida de sanidad agraria y desarrollo rural. Esta debería incluir el fortalecimiento de los servicios sanitarios en territorio, sistemas de monitoreo y alerta temprana, así como la articulación de la asistencia técnica con políticas de formalización, acceso a mercados y seguridad jurídica de la tierra.



